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	<title>Cuentalia</title>
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	<description>Archivos traídos desde la tierra de las artes</description>
	<pubDate>Fri, 20 Aug 2010 08:08:40 +0000</pubDate>
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		<title>Años &#8216;70: Un tiempo que nos rompió las costuras</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Aug 2010 08:05:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Bvd. Daguerre]]></category>

		<category><![CDATA["años 70"]]></category>

		<category><![CDATA["fotografías en blanco y negro"]]></category>

		<category><![CDATA["Víctor López"]]></category>

		<category><![CDATA[pedro martínez]]></category>

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		<description><![CDATA[Vídeo de la exposición de fotografías de Víctor López Pérez-Fajardo y Pedro M. Martínez Corada, publicada originalmente en la Revista Almiar / Margen Cero (nº 51 de marzo y abril de 2010).
Web original: http://www.margencero.com/fotos_anos7&#8230;

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			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000080;"><strong>Vídeo de la exposición de fotografías</strong> </span>de Víctor López Pérez-Fajardo y Pedro M. Martínez Corada, publicada originalmente en la Revista Almiar / Margen Cero (nº 51 de marzo y abril de 2010).<br />
Web original: <a title="http://www.margencero.com/fotos_anos70.pdf" dir="ltr" rel="nofollow" href="http://www.margencero.com/fotos_anos70.pdf" target="_blank"><span style="color: #0033cc;">http://www.margencero.com/fotos_anos7&#8230;</span></a></p>
<p><object width="480" height="385" data="http://www.youtube.com/v/MsEqmSuJwPM?fs=1&amp;hl=es_ES&amp;rel=0" type="application/x-shockwave-flash"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/MsEqmSuJwPM?fs=1&amp;hl=es_ES&amp;rel=0" /><param name="allowfullscreen" value="true" /></object></p>
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		<title>Ven aquí</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Aug 2010 07:57:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Calle Vinilo]]></category>

		<category><![CDATA["Hilario Camacho"]]></category>

		<category><![CDATA["Puro Vinilo"]]></category>

		<category><![CDATA[cantautor]]></category>

		<category><![CDATA[música]]></category>

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		<description><![CDATA[No creo en la división de la música por estilos ni culturas.
No creo en la lucha generacional,
en la parcelación de la ciudad por tribus
ni en la organización del tiempo en décadas.
Creo en la integración de todas las razas y sonidos.
Creo aquí y ahora en lo que soy y en lo que siento…
(De la dedicatoria escrita [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: right;"><em>No creo en la división de la música por estilos ni culturas.<br />
No creo en la lucha generacional,<br />
en la parcelación de la ciudad por tribus<br />
ni en la organización del tiempo en décadas.<br />
Creo en la integración de todas las razas y sonidos.<br />
Creo aquí y ahora en lo que soy y en lo que siento…<br />
</em>(De la dedicatoria escrita por Hilario Camacho, en su C.D.<em> En concierto</em> - 1997)</h6>
<p style="text-align: right;"> </p>
<div><em> </em></div>
<div><em><img class="aligncenter size-full wp-image-184" style="border: #000000 1px solid;" title="hilario" src="http://www.martinezcorada.es/WordPress/wp-content/uploads/2010/08/hilario01.jpg" alt="hilario" width="250" height="255" /></em></div>
<p><em> </p>
<p> </p>
<p></em></p>
<div>Hoy se cumplen dos años de la desaparición física de Hilario Camacho. No hay nada que hacer (como dice el título de una de las últimas canciones del músico) al respecto. Sin embargo, Hilario es una figura que permanecerá entre nosotros por mucho tiempo; en el caso de los que tuvimos el placer de escucharle desde sus comienzos, para toda la vida.</div>
<p>Aquel chamberilero nacido en 1948 construyó, en colaboración con destacados letristas y músicos de su tiempo, una obra musical que se inició con canciones inspiradas en los versos de Nicolás Guillén. Siempre le gustó la poesía y su creatividad musical también puso melodías a Machado y Blas de Otero. Eran años de Universidad, duros años en el que la dictadura franquista intentaba sofocar las incipientes protestas en contra del fascismo; Camacho, como tantos otros artistas, se sumó a la lucha en contra del régimen y participó en el grupo Canción del Pueblo. El cantautor siempre se definió como <em>anarco</em>. Todo esto ya es historia, al igual que los vinilos que Hilario publicó de la mano de Gonzalo García-Pelayo —fundador, en 1974, del sello discográfico Gong—, quien produjo cerca de doscientos a grupos y cantantes como Triana, Quilapayún, Víctor Jara, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés o Labordeta. La historia puede ser una asignatura, un recuerdo personal, o una frase hecha; Óscar Wilde decía que tenemos el deber de rescribirla, con lo cual coincido. De alguna manera, este homenaje a Camacho es eso: rememorar los sucesos que viví hace años, recordar las canciones que escuché de él y volver a sentir lo que pudieron inspirarme en su momento.</p>
<div>Algo parecido debí pensar cuando, hace algunas semanas, se me ocurrió repetir un viaje que realicé junto a unos amigos, allá por 1973. Se trataba de hacer de nuevo, lo más exactamente posible, el camino que realizamos desde Madrid a Asturias, pasando por Santiago de Compostela. Aquella excursión tenía un motivo concreto, que no viene al caso, pero nosotros dejamos que nos inspirara el aspecto lúdico del viaje. Todavía no había aparecido <em>De paso</em>, pero seguro que habría encontrado un lugar junto con las dos únicas cintas de casete que llevábamos entonces: el <em>Té para los Tillerman</em>, de Cat Stevens, y una compilación de canciones de Melanie Safka; Hilario escribió después sobre aquel vinilo definiéndolo como <em>«Hachís, música, sexo, empezando a experimentar con L.S.D. Buenos músicos, imaginación [...] ambientes medievales y oníricos mezclados con la electricidad a la búsqueda del éxtasis del amor físico&#8230;».</em> Pongan ustedes el orden que deseen en la anterior relación, conforme a sus apetencias, pero podemos convenir en que los géneros que nos gustaban a nosotros eran de parecida sensibilidad al que interpretaba el cantautor madrileño.</div>
<p>El primer viaje, el que ahora íbamos a repetir, no consiguió realizar el encargo que lo motivó. Cosas de los tiempos que corrían. Ahora, con nuestra segunda salida, había alguna posibilidad de que su objetivo no se cumpliera, al menos eso me cantaban o decían: <em>a los sitios en donde fuiste feliz no hay que volver</em>; las cosas organizadas nunca dan buen resultado; hay que improvisar&#8230; etc., pero seguimos adelante y una mañana muy temprano partimos, 37 años después… </p>
<div>Rescribir la historia… O seguir haciéndola, vivir un viaje sin intentar replicar el anterior. Recordar quiénes fuimos, pero sabiendo quiénes éramos ahora (bastantes canas y algunas arrugas después). Paramos a tomar un café y liar unos cigarrillos, después de unos cuantos kilómetros; charlamos y fumamos contemplando el solano que comenzaba a planear sobre el campo de Castilla. Cuando regresamos al coche le dije a mi buena amiga M.A.:<br />
—Además de Cat Stevens y Melanie, he traído una sorpresa —sonó <em>Cuerpo de ola</em> y ella me miró sorprendida y agradecida al tiempo.<br />
—¡Hilario Camacho!</div>
<div>Luego, escuchando la música, pensamos en las máscaras adultas criadas a fuerza de años que dictan —inclementes— una falsa seguridad; recordamos el dulzor del rocío en las noches; nos cegó de nuevo el sol de invierno cuya luz ilumina cuando se ama; cerramos bares sin dueño donde buscamos atar lo invisible y nos despistamos después con una resaca infernal…</div>
<div>Lo difícil no es empezar un viaje, sino terminarlo como a ti te parezca. El rey del mundo abdicó y comprendió que el final está a tres palmos del amanecer en Madrid, cuando te invade cierta tristeza de amor —el amor no tiene dueño— y susurras «ven aquí».<br />
 </div>
<div>Suena la música en el coche; hablamos; casi seguro que habríamos coincidido con Hilario cuando dijo sobre aquella canción/cobijo que <em>«En aquellos días [1972] la amistad era más importante que el amor erótico. Músicos, pintores, actores, amantes del arte y la contracultura, todos juntos y revueltos. Lo importante era comunicarse, estar juntos, tener alguien en quien apoyarse y contarle tus penas y alegrías&#8230;».</em></div>
<div>No importa la partida ni el regreso. Lo que merece la pena es vivir el camino.</div>
<p>Te lo debíamos, Hilario.</p>
<p>___________________<br />
<span style="font-size: 85%;">- El disco que se cita en el texto es <em>Hilario Camacho, en concierto</em> (Warner; 1997). Junto con Camacho participaron en el concierto los músicos Sergio Castillo; Paco Bastante; Tato Icasto; John Parsons; José A. Romero; Cristina Narea; Adel Hakki; Juan Moya; Bernardo Parrilla y Antonio Serrano.<br />
- La foto de cabecera es un detalle del libreto del C.D. <em>Una mirada diferente</em>; fue realizada por Ignacio Evangelista.</span></p>
<p><span style="font-size: 85%;">(Artículo publicado originalmente en <a href="http://www.purovinilo.com" target="_blank">Puro Vinilo </a>- 2010)</span></p>
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		<title>Una calle para Hilario Camacho</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Aug 2010 07:48:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Calle Vinilo]]></category>

		<category><![CDATA["Hilario Camacho"]]></category>

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		<category><![CDATA[manifiesto]]></category>

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		<description><![CDATA[
Manifiesto en reivindicación de
una calle en Madrid para Hilario Camacho

____________________
Hace tiempo era un niño, buen cazador de nubes, que subía al cielo por sumas de escaleras, trepando por la hierba de luz del arco iris o por los hilos de sol de sus cometas. Y quiso volar, antes del silencio, del cruel y del tirano, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><strong><img class="aligncenter size-full wp-image-179" style="border: 1px solid #000000" title="hilario_camacho_manifiesto" src="http://www.martinezcorada.es/WordPress/wp-content/uploads/2010/08/hilario_eskup.jpg" alt="hilario_camacho_manifiesto" width="400" height="201" /></strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Manifiesto en reivindicación de<br />
una calle en Madrid para Hilario Camacho</strong>
</p>
<p style="text-align: center;">____________________</p>
<p>Hace tiempo era un niño, buen cazador de nubes, que subía al cielo por sumas de escaleras, trepando por la hierba de luz del arco iris o por los hilos de sol de sus cometas. Y quiso volar, antes del silencio, del cruel y del tirano, era un hombre libre con alas en las manos, y ahora vuela con alas blancas con las que abraza el aire y rasga el horizonte, llega a ciudades lejanas y a todos les sigue enseñando que es posible la vida&#8230;</p>
<p>No temió volar como un pájaro al país de los sueños, pero un día le quebraron las alas y no volvió, en ese Madrid que tanto amó y en el que el Barrio de Chamberí le vio nacer un 8 de junio de 1948. Se sintió abandonado, entre ruidos y humo, oscuros borrones flotaron entre nubes, y entre sueños perdidos, confusión y sorpresa, latiendo en las venas, entre tinieblas de fiebre se abrió paso la negra noche y le gritó ¡qué solo estás en medio de tanta gente!, y la pequeña muerte murió sobre el trigo de un niño, le besaron las balas al caer la mañana, al callar los sollozos, al nacer el silencio, lloraron las espigas, lloró el surco y la piedra, Hilario quedó solo, detrás de toda la tierra.</p>
<p>Sobre el aire se quedaba la sangre sola y abierta, mientras sus ojos buscaban gaviotas oscuras, yerbas, la muerte vistió zapatos de hierro y de hierbabuena, pantalones de metralla y camisa fría de tierra. Pequeña muerte de aquel niño, arquitecto de sueños a la estrella del alba, muerte de niño y de estrella, muerte de trigo y de sombra, agua de acero y de pena, cuando cayó la mañana, tibia de cardos y hierba, rasgando el día en silencio con un cuchillo en las venas.</p>
<p>Desgarrada la nube, el arco iris brillando ya en el cielo, y en un fanal de lluvia y sol el campo envuelto: despertó ¿Quién enturbió los mágicos cristales de su sueño? Su corazón latía atónito y disperso&#8230; ¡El limonar florido, el cipresal del huerto, el prado verde, el sol, el agua, el iris&#8230;, el agua en sus cabellos!&#8230; Y todo en la memoria se perdía como una pompa de jabón al viento&#8230;</p>
<p>Pero predicar en desierto nunca es sermón perdido, porque nada se pierde, todo se gana, la voz del corazón abre, como un oasis, misteriosos oídos&#8230; Y nosotros los firmantes de éste manifiesto, reclamamos en Justicia una calle en Madrid con el nombre de Hilario Camacho, como la tienen en ésta ciudad otros muchos y muchas que no nacieron en ella, porque el cantautor creció entre sus calles, la vivió, la sintió, la amó, y en ella vivimos los que somos sus amigos y admiradores, seguidores de su música. Creemos en esa clave secreta que lleva hasta el alma, esa voz interior del alquimista de la música que nos caló muy adentro, porque sabía que el peso del mundo es amor y lo repartió por todos los rincones del mundo, donde aún se le escucha cantar.</p>
<p>Ha sido, y sigue siendo, el mejor embajador de esta ciudad por los cuatro confines del mundo y en Facebook se puede evidenciar que Madrid amanece cada año en muchos corazones que nunca pondrán fin al viaje de Hilario Camacho, porque los que aman y los que sueñan son los que abren la secreta puerta del alma y él nos dejó un legado musical que traspasa los límites sutiles de la vida y de la muerte para ser eternos.</p>
<p>Si otros y otras que no son de Madrid son reconocidos en las calles que llevan sus nombres ¿por qué no lo va a ser él que lo merece tanto o más? ¿Por qué el niño de Chamberí no puede tener ese rincón del Madrid que quiso y lo quiso, que siempre lo querrá, y saber que nada está perdido porque puso su corazón a la vida y a su música?, y nosotr@s ahora, albaceas de su legado, venimos a poner el nuestro para llegar al suyo, Sr. Alcalde y Sres. Ediles de la Villa de Madrid, en reivindicación de lo que creemos justo, que es dar a cada uno lo suyo, en estricta definición legal de la justicia.</p>
<p>Y lo hacemos en calidad de los derechos de vecinos que nos atribuye el artículo 21 de la Ley 2/2003, de 11 de marzo, de Administración Local de la Comunidad de Madrid; los artículos 9.2 y 105 a de la Constitución Española que nos invitan a participar en la política municipal mediante peticiones, garantizando nuestro derecho a ser oídos y, por qué no, escuchados; la Ley 7/85, de Bases del Régimen Local, modificada por las leyes 11/1999 y 57/2003 comienza afirmando en su artículo 1, en consonancia con lo ya dicho, que «Los Municipios son entidades básicas de la organización territorial del Estado y cauces inmediatos de participación ciudadana en los asuntos públicos&#8230;», así como el Real Decreto 2568/1986, de 28 noviembre, que aprueba el Reglamento de organización, funcionamiento y régimen jurídico de las Corporaciones Locales (ROF), que contiene un elevado número de precisiones en desarrollo explícito del perfil participativo tan característico de una vida local en democracia.</p>
<p>Finalmente, basamos nuestra legítima solicitud en el derecho de petición que consagra el Reglamento Orgánico de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Madrid, de 31 de mayo de 2004, en sus artículos 12 a 14 inclusives.</p>
<p>Pero sobre todo, creemos que volar no es para pájaros sino para soñadores, y que los sueños también tienen que tener cabida en las calles de ésta ciudad donde más allá de presupuestos, mociones, propuestas, acuerdos y resoluciones, hasta los regidores municipales sueñan, como nosotros los ciudadanos, con esa música que, más allá de la frialdad de las letras y los números, da calor a los corazones y alimenta el alma.</p>
<p>A veces los sueños se cumplen, y creemos que cuando Hilario Camacho tenga su calle en Madrid su voz y su música sonarán con fuerza para los que siempre le recordaremos, para las nuevas generaciones de madrileños y madrileñas y para todos los que visiten nuestra ciudad. Es el único interés que nos mueve, ahora que él no tiene manos ni voz y hemos decidido libremente ser las suyas.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #993300;">Para unirte a esta petición<br />
</span></strong><a href="http://hilariocamacho.blogspot.com/p/quiero-adherirme-la-solicitud.html" target="_blank">PULSA AQUÍ</a></p>
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		<title>Carta a Lucinio</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Feb 2010 10:00:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Calle Vinilo]]></category>

		<category><![CDATA[Labordeta]]></category>

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		<description><![CDATA[
          Hoy estoy a punto de despedir el año 2009: quedan un día y algunas horas para ello. Espero a mi hijo que vendrá a tomar el aperitivo conmigo. Acabo de llegar al bar sorteando un tiempo lluvioso, infernal para muchos. Me siento en la barra. La tele informa de inundaciones, de pantanos que tienen [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-171" title="labordeta" src="http://www.martinezcorada.es/WordPress/wp-content/uploads/2010/02/carta01.jpg" alt="labordeta" width="295" height="300" /></p>
<p>          Hoy estoy a punto de despedir el año 2009: quedan un día y algunas horas para ello. Espero a mi hijo que vendrá a tomar el aperitivo conmigo. Acabo de llegar al bar sorteando un tiempo lluvioso, infernal para muchos. Me siento en la barra. La tele informa de inundaciones, de pantanos que tienen que desembalsarse debido al volumen del agua que contienen.</p>
<p>          Llega alguien a tomar algo y cambiamos varios comentarios. El hecho de que se esté aliviando agua de los embalses y de que ello produzca problemas valle abajo me mueve a afirmar que la parte buena de este desastre es el agua de que dispondrán, durante el próximo verano, muchos pueblos y ciudades. El recién llegado afirma entonces:<br />
          —Los pantanos son una de las grandes obras de Franco, ahora no se hace nada y España está en la ruina.<br />
          —Perdone usted —le replico—, de gran obra nada…<br />
          —¿Cómo dice…? —me replica, algo alterado.<br />
          —Hoy en día sabemos que muchas de aquellas obras se podrían haber evitado —respondo—. Seguramente usted sabe que se destruyeron pueblos, que mucha gente tuvo que emigrar de ellos y que el medio ambiente quedó dañado en amplias zonas, quizá le pueda poner un ejemplo…<br />
          —¿Riaño…? —me respondió indeciso, viéndola venir.<br />
          —Por ejemplo… —le contesté.<br />
          No quiero contar la discusión que siguió a continuación, quizá pueda tener algo de importancia para el lector, pero aquí quiero terminar con ella. No viene al caso, en este comentario, el debate sobre las grandes obras del dictador Franco y cómo las hizo, y las opiniones que uno y otro vertimos al respecto. Lo que me importa —tal vez pueda pensar el lector que es egoísta por mi parte—, es que una hora después me acordé de una canción de José Antonio Labordeta, el genial cantautor nacido en Zaragoza, titulada <em>Carta a Lucinio</em>; pensé que, a lo mejor, si hubiese citado la letra de la misma otro hubiese sido el tenor de la conversación. Ingenuidad por mi parte, sin duda, pues las obras de Franco están, para algunos, muy por encima de la crítica que —más o menos inmisericorde— nos sirve la historia.</p>
<p>          Pero me acordé de la canción.</p>
<p>          Sigue lloviendo sobre España y se llenan muchos de los pantanos que se hicieron por aquel entonces. La recia voz de Labordeta, con su tono de jota solidaria en donde se pierde a veces alguna palabra, inunda el salón en la sobremesa.<br />
          —Esta canción hay que escucharla despacio, tiene un ritmo de otros tiempos —le digo a mi hijo.<br />
          <em>Carta a Lucinio</em>, me vuelve a emocionar, nos emociona. Es un poema desgarrado desde el que llega el culto laico a los ancestros. Es la voz de los que, sin tener nada, nada tuvieron y vieron cómo les quitaron la tierra con el pago de un cheque de silencio. En esta canción, campanarios y cuadras, casas y cobertizos, senderos y eras, desaparecen bajo las aguas que, un día y en contra de su voluntad, inundaron los campos que amaron —y sufrieron— muchas generaciones. Es, también, un poema profundamente ecológico en donde ésta preocupación no aparece de forma impostada: no hace falta, sabemos que los que yacen bajo el peso de miles de litros de agua amaban y defendían a su tierra.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-172 alignnone" title="encarte_vinilo" src="http://www.martinezcorada.es/WordPress/wp-content/uploads/2010/02/carta.jpg" alt="encarte_vinilo" width="277" height="300" style="border: 1px solid #000000"/></p>
<p>          Escuchando a José Antonio Labordeta pienso que, quizá, es la mejor manera de despedir el 2009. Ahora, después de tantos años, recuerdo también las veces que le he visto y una que hablé con él:<br />
          —José Antonio, tengo tus vinilos.<br />
          —¡Ah!, pues yo no tengo casi ninguno de ellos. Sólo las grabaciones en MP3… —me contestó, después de dedicarme uno de sus libros, en Madrid.<br />
Mas hablaba de despedir el año, que a veces me voy por las subordinadas&#8230; Ahora que se va el viejo 2009, escucho al zaragozano y, desde el túnel del tiempo, se me ocurre proponer que nunca dejemos que nos sepulten bajo toneladas de lo que sea, que nunca tengamos que esperar a la sequía para ver «la tumba de madre». Para conseguir que nos respeten y para que podamos sentirnos orgullosos de nosotros mismos y de nuestros recuerdos. Para que no se nos ocurra escribir: <em>«Y al fin tras tantas horas/ nada tuvimos»</em>.<br />
          A veces, cuando me calzo la <em>farfusa</em> me confunden con Labordeta. Es un honor para mí. Quizá debería decir, en estos casos, que sí, que yo soy él y contarles todo lo que siento sobre «mis canciones», para que nunca olviden, egoísta que soy, la carta a Lucinio y la seca, austera y árida entonación de la voz de un poeta y cantor que escribió una de las canciones más bellas que he escuchado en mi vida.</p>
<p>LETRA DE LA CANCIÓN:</p>
<p><em>Desde las tierras altas<br />
ahora he venido<br />
a parar en el llano<br />
de polvo y ruido.<br />
No sé quién me ha empujado<br />
ni me ha traído<br />
acuérdate Lucinio<br />
este verano<br />
cuando el pantano baje<br />
ir al collado.<br />
Y en la tumba de madre<br />
ponle un recado.</em></p>
<p><em>También piensa en Vicente<br />
y en Indalecio,<br />
que bajo tanta roca<br />
quedaron yertos.<br />
Por aquí veo a sus viudas<br />
con sus aprietos.</em></p>
<p><em>Escúpele al pantano<br />
y a quien lo hizo<br />
que nos quitó la tierra<br />
casa y panizo.<br />
Y al fin tras tantas horas<br />
nada tuvimos.</em></p>
<p><em>De todo lo que daban<br />
nada nos dieron.<br />
Trabajo para los hombres<br />
aquí lo hicieron.<br />
A todas horas ruido,<br />
sofoco y miedo.</em></p>
<p><em>Algunas veces pienso<br />
ir al pantano<br />
y cuando esté bien lleno<br />
tirarme dentro<br />
y hundirme a estar contigo<br />
como hace tiempo.</em></p>
<p>________<br />
Letra y música: José Antonio Labordeta (1975).<br />
(Violoncelo: Eduardo Gattinonni / Contrabajo: Manolo Rosa / Guitarra y percusión: Alberto Gambino / Grabado en los Estudios Kirios en marzo de 1975).<br />
Fotografía carátula: Pepe Rebollo.<br />
Fue una publicación de Movieplay (Serie Gong) – Madrid.<br />
Artículo publicado originalmente en el blog <em><a href="http://purovinilo.blogspot.com/" target="_blank">Puro vinilo</a>.</em></p>
<p> </p>
<p><strong>AUDIO</strong>:</p>
<p><object width="300" height="60" data="http://www.ipernity.com/mp/6950452.4447762b.mp3.swf" type="application/x-shockwave-flash"><param name="wmode" value="transparent" /><param name="src" value="http://www.ipernity.com/mp/6950452.4447762b.mp3.swf" /></object></p>
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		<title>Profecía</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Dec 2009 21:30:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Calle de los Libreros]]></category>

		<category><![CDATA[cuentos]]></category>

		<category><![CDATA[pedro martínez]]></category>

		<category><![CDATA[relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[
           
            LOS ÚNICOS QUE PUEDEN JACTARSE de predecir el futuro son los médicos. Entre los adivinadores de pega, la pitonisa, por ejemplo, marea las cartas o impone las manos a la bola de cristal para ver cómo va estar de salud, dinero y amor -por este orden- el pringado a quien va a embaucar en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-163  aligncenter" title="profecia" src="http://www.martinezcorada.es/WordPress/wp-content/uploads/2009/12/ahorcado_cuentalia.jpg" alt="profecia" width="134" height="250" /></p>
<p>           </p>
<p>            LOS ÚNICOS QUE PUEDEN JACTARSE de predecir el futuro son los médicos. Entre los adivinadores de pega, la pitonisa, por ejemplo, marea las cartas o impone las manos a la bola de cristal para ver cómo va estar de salud, dinero y amor -por este orden- el pringado a quien va a embaucar en breve. «Usted va a vivir muchos años, gozará de una larga vida sin achaques ni enfermedades graves», le dice al primo que está sentado ante una mesa camilla redonda como la bola de cristal que luce entre ambos, o, si es otra la onda, frente a los arcanos que se despliegan sobre el terciopelo oscuro que cubre la mesa: El Mago, La Torre, El Ahorcado, irán saliendo despacio del mazo de naipes&#8230; Antes, adivinar el futuro era cuestión de buscar signos entre cosas revueltas como las tripas de un animal, las runas esparcidas sobre una manta, los oscuros restos del té en el fondo de una taza o los millones de estrellas que hay en el universo.</p>
<p>            Dice Turco que todo esto son gilipolleces, cosas del ayer, pero él también se acojonaría si le pronosticaran la muerte en breve. ¿Acaso el ordenador del médico no se puede comparar con la bola de cristal?, ¿las hojas de papel, que pasan despacio ante la geta del matasanos, no se parecen a un tarot en el que La Muerte es una etiqueta blanca con códigos de barras?, está claro que sí, le digo a Turco, pero sólo se asemejan, porque ellos, los médicos, aciertan siempre: introducen en el aparato los datos de los papeles y, con gesto serio <span style="font-family: Arial; font-size: 12pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">—</span>ellos no tienen por qué hacerse los graciosos con el cliente<span style="font-family: Arial; font-size: 12pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">—</span>, dictan la profecía.<br />
            <span style="font-family: Arial; font-size: 12pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">—</span>Me joden los profetas <span style="font-family: Arial; font-size: 12pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">—</span>sentencia Turco.<br />
            <span style="font-family: Arial; font-size: 12pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">—</span>Sí, jeringa que te digan que algo va a pasar y que eso ocurra&#8230; <span style="font-family: Arial; font-size: 12pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">—</span>he ido a buscarle al bar de la Carrera 12, a la hora que me dijo Lía. En esta ocasión no se trata de un negocio cualquiera.<br />
            <span style="font-family: Arial; font-size: 12pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">—</span>¿Y ésta es la milonga que te trajo desde Buenos Aires? No me hagas perder el tiempo, gallego&#8230;<br />
            Bien. No hay que hacerle perder el tiempo.<br />
            Él tiene razón, la historia no le interesa. Tampoco tiene por qué saber que hace unos meses me diagnosticaron una grave enfermedad desconocida:<br />
            <span style="font-family: Arial; font-size: 12pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">—</span>¿Ha estado usted en Burundi hace poco&#8230;? <span style="font-family: Arial; font-size: 12pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">—</span>el tipo de la bata blanca me miró con sus ojos acristalados y se atusó la melena castaña.<br />
            <span style="font-family: Arial; font-size: 12pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">—</span>¿Dónde dice&#8230;?, ¿por qué iba yo a ir a ese lugar?<br />
            <span style="font-family: Arial; font-size: 12pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">—</span>Ahora la gente va por todas partes <span style="font-family: Arial; font-size: 12pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">—</span>miró el ordenador que me acababa de sentenciar a muerte-. En ese país africano es donde se supone que se originó la enfermedad&#8230; Es muy rara y por eso no se habla de ella. Es una enfermedad de las que llamamos huérfana, pero existe y los síntomas ya se van conociendo bien: por desgracia usted fallecerá en un año, más  o menos. No hay tratamiento que pueda impedirlo, nadie lo ha estudiado todavía&#8230; Y, perdóneme que ahora le haga una serie de preguntas: ¿Se ha relacionado con alguien que sea de Burundi, o haya estado allí&#8230;?<br />
            La verdad es que estuve a punto de dar una hostia a aquel médico en estos momentos de la conversación. Alguien tenía que pagar el marrón que me acababa de comer, pero ¿de qué me hubiera servido? Después de los primeros momentos de irritación que sentí ante las preguntas fui hundiéndome poco a poco; me contó los síntomas que aparecerían llegado el momento y cómo moriría pocos días después. El tipo sabía mi porvenir.<br />
            Bebo un trago de ron y miro al Turco:<br />
            <span style="font-family: Arial; font-size: 12pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">—</span>No, hablaba de cosas mías. He venido porque tengo un encargo que hacerte. Lía me ha dicho que tú eres el indicado.<br />
            <span style="font-family: Arial; font-size: 12pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">—</span>¡Ah!, qué rebuena la negra&#8230; Abrevia, gallego&#8230;<br />
            <span style="font-family: Arial; font-size: 12pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">—</span>Quiero que peles a un tío <span style="font-family: Arial; font-size: 12pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">—</span>me observa, quizá con sorpresa, resulta imposible adivinar lo que piensa-. En Barcelona, para más señas.<br />
            Después de recibir la noticia de que iba a palmarla me recluí durante un tiempo, supongo que es lo normal. Sin embargo, con el paso de los días el runrún de la muerte certificada que me tenía obsesionado se fue alejando, como si hubiera quedado encerrado en un trastero de mi cabeza y sólo golpeara de vez en cuando, intentando salir.<br />
            Luego me di cuenta de que si todo se iba a acabar, todo estaba permitido. La maldad es compañera de la desesperación. Sin futuro, rehice el presente con todo lo que no me había atrevido a hacer hasta ese momento, como si hubiera vuelto a nacer y estuviera aprendiendo a caminar de nuevo, ¿qué importaba ya lo que pudiera pasarme?<br />
            Niebla en los bolsillos. Tormenta en las manos. Entonces conocí a Lía. Con ella estuve en algún callejón, en varias esquinas, entre las sombras, contra todo, ante la nada.<br />
            Turco, tomemos otro ron.<br />
            <span style="font-family: Arial; font-size: 12pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">—</span>El tipo que te digo tiene melena castaña, usa gafas y viste siempre de negro. Los quince de cada mes va a un cabaret cerca de Las Ramblas -le doy unas fotos-, es fácil reconocerle&#8230;<br />
            Tampoco le voy a contar que una tarde leí en Internet: «Enfermedades huérfanas. Anemia de Fanconi. Irideremia. Síndrome de Burundi&#8230;». Ante la pantalla pensé que no merecía la pena molestarse, había consultado ya a muchos médicos, pero cogí el avión y fui a visitar aquella clínica en Nueva York: <br />
            <span style="font-family: Arial; font-size: 12pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">—</span>Enhorabuena. Usted no tiene el Síndrome <span style="font-family: Arial; font-size: 12pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">—</span>me dijo el médico, un paquistaní con barba blanca, después de bucear en un pilo de hojas<span style="font-family: Arial; font-size: 12pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">—</span>. En su momento, usted se puso la vacuna contra la Gripe A y el fármaco le dañó la enzima que regula el EDL, eso produjo la confusión en el diagnóstico, comprensible por otra parte, pues&#8230; Etcétera. No recuerdo nada más de lo que dijo. El vaticinio asesinado, Turco; suenan unas sirenas en la cercana Diagonal 7, la policía nunca encontrará al fiambre.<br />
            Comprendí, poco después, que la noticia de que no padecía la enfermedad era más aterradora que saber que moriría a ciencia cierta, ¿ves, Turco?: hasta el lenguaje recoge lo inapelable de las profecías que se dictan en las salas blancas de la cábala. No sabía seguir sin mi muerte anunciada porque tendría que buscar coartadas para mi nueva vida, que ahora me parece aterradora, y volver atrás me resulta imposible. Ya no podría vivir justificando el futuro, es como querer a una mujer con la idea de que algún día envejeceréis juntos. Rutina.<br />
            Lía, ¿querrías compartir toda la vida conmigo? Yo contigo, no.<br />
            Turco se levanta y deja que pague la cuenta&#8230; </p>
<p>            En la habitación del hotel me miro al espejo y compruebo que la peluca castaña esté en su sitio. Me pongo unas gafas. El traje negro me sienta bien. Es curioso: el ruido sordo en el trastero de mi cerebro ha desaparecido. Turco ya estará cerca de Las Ramblas. No habrá ningún problema, es un profesional. Cierro la puerta y me dirijo hacia el ascensor. Malditos sean los profetas.</p>
<p><span style="font-family: Arial; font-size: 12pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">_________<br />
© </span>Pedro M. Martínez (2009)</p>
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		<title>Pedro M. Martínez / Imágenes</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Dec 2009 20:01:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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</p>
<p style="text-align: center;"> </p>
<h2 style="text-align: center;"><span style="color: #333399;">Más imágenes del autor </span></h2>
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		<title>Me podrán matar, pero no morir («Violent Stories»)</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Dec 2009 17:08:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Calle de los Libreros]]></category>

		<category><![CDATA[relatos]]></category>

		<category><![CDATA[víctor montoya]]></category>

		<category><![CDATA[violent stories]]></category>

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They Can Kill Me But I Will Not Die *
 
&#8220;They are hunting you down to kill you,&#8221; her father said for the tenth time. She counted the nine scars on her body and answered: &#8220;They can kill me, but I won&#8217;t die.&#8221; 
When she raises her head in the cell with its chalky walls, she confronts [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><em><img class="aligncenter size-full wp-image-118" title="violent_stories" src="http://www.martinezcorada.es/WordPress/wp-content/uploads/2009/12/violent_stories.jpg" alt="violent_stories" width="224" height="320" /></em></p>
<p align="center"> </p>
<p align="center"><strong><em><span style="color: #993300;">They Can Kill Me But I Will Not Die</span> *</em><br />
</strong> </p>
<p>&#8220;They are hunting you down to kill you,&#8221; her father said for the tenth time. She counted the nine scars on her body and answered: &#8220;They can kill me, but I won&#8217;t die.&#8221; </p>
<p>When she raises her head in the cell with its chalky walls, she confronts the savage faces of her torturers. The biggest one, with a bushy mustache and a pistol in his belt, smiles and looks into her eyes. &#8220;So you&#8217;re the immortal one?&#8221; he says, removing her shoes, belt, buttons, and wristwatch so she can neither run nor know what hour or day it is.  </p>
<p>Blindfolding her, they take her by the arms and lead her through a passageway. She can barely move, as though walking along the edge of a cliff. They put her in a room that stinks of death, yank off her clothes and tear the blindfold from her eyes.</p>
<p>For a while, still hardly able to see because of the painful light, she observes men entering and leaving the room, and a dog wagging its tail. The animal&#8217;s mouth is flecked with drool. He sniffs. He licks. He moves away, crawling between his master&#8217;s legs. In the next room, she sees a table with electronic controls; a bright light, a bucket, a radio, a cot, and several hooks chained to the wall. On the other side of the window is a dark, cold street where the wind blows so violently it can lift rocks and hurl them against the doors.</p>
<p>One of the torturers comes up behind her and puts a hood over her head. Another manhandles her body and cuffs her wrists. The torture ritual begins. First there is the simulated execution, then the &#8220;submarine&#8221; in a bucket filled with urine and spit. They tilt her and submerge her head again, pulling her nipples with iron hooks. On the verge of asphyxiation, she opens her mouth and faints.</p>
<p>They remove the hood&#8230;</p>
<p>When she regains consciousness, she hears far-away voices, as if she were waking from a nightmare. She is tied to the cot, her arms and legs spread. She looks at the ceiling and has the sensation of floating in midair. A man&#8217;s shadow passes before her eyes and a burning cigarette comes down toward her breast. She screams and they turn up the volume on the radio.</p>
<p>They run the <em>picana -</em> an instrument for delivering electric shocks - from one end of her body to the other. The <em>picana</em> has two well-braided and spliced cables. They put one cable in her mouth and the other in her rectum. With the first shock, she feels her head and body explode. Then, one after another, the men and the dog rape her until her insides split. Not satisfied, some of them urinate in her face and others beat her with their rifle butts. They pick her up, her blood dripping in the emptiness, and drag her through the hallways to the last cell, where she remains in solitary confinement, handcuffed to the wall, bread and water her only consolation.</p>
<p>When she awakens from her nightmare, she sees a ray of light that breaks through the darkness of the cell. She touches her body, which feels as though it isn&#8217;t there, and with a thread of blood on her lips she repeats: <em>They can kill me but I will not die&#8230;</em></p>
<p> 
</p>
<p align="center"><em><strong>_______________________</strong></em></p>
<p align="center"><em><strong><span style="color: #993300;">Me podrán matar, pero no morir</span></strong></em> </p>
<p align="center"> </p>
<p><em>Te buscan para matarte</em>, le dice su padre por décima vez. Ella cuenta las nueve cicatrices de su cuerpo y contesta: <em>Me podrán matar, pero no morir&#8230;</em> </p>
<p>Al levantar la cabeza entre paredes calcáreas, se enfrenta al rostro salvaje de sus torturadores. Uno de ellos, el más corpulento, bigote poblado y pistola al cinto, le sonríe mirándole a los ojos. <em>¿Así que tú eres la inmortal?,</em> dice, mientras le quita los zapatos, el cinturón, los botones y el reloj, para que no pueda huir ni sepa qué hora o qué día es.  </p>
<p>Le cubren los ojos con una venda y la conducen asida de los brazos por un pasillo. Ella se mueve apenas, como caminando en falso al borde de un precipicio. La introducen en una habitación que apesta a muerte. La desnudan a zarpazos y le arrancan la venda de los ojos. </p>
<p>Por un tiempo, dificultada todavía por la luz hiriente, observa a hombres que entran, salen y entran, y a un perro que bate la cola. El animal tiene el hocico babeante. Huele. Lame. Se aleja y se mete entre las piernas de su amo. En la habitación contigua, mira una mesa con mandos electrónicos: un reflector, un recipiente, una radio, un catre y varios ganchos con cadenas en la pared. Al otro lado de la ventana hay una calle oscura y fría, donde el viento sopla con una violencia capaz de levantar piedras y arrojarlas contra las puertas. </p>
<p>Un torturador se le acerca por la espalda y la encapucha. Otro le manosea el cuerpo y la esposa las muñecas. Comienza el ritual de la tortura. Primero es el simulacro de fusilamiento, después el submarino en el recipiente de orines y escupitajos. La inclinan y sumergen en la <em>bañera</em>, tirando de sus pezones con ganchos de hierro. Ella, a punto de asfixiarse, abre la boca y se desmaya.</p>
<p>Le retiran la capucha&#8230; </p>
<p>Recobra el conocimiento y escucha voces lejanas, como despertando de una pesadilla. Está atada al somier, los brazos y las piernas abiertas. Clava la mirada en el techo y tiene la sensación de estar flotando a cielo abierto. La sombra de un hombre cruza por sus ojos y una brasa de cigarrillo desciende hasta su pecho. Ella lanza un alarido y ellos suben el volumen de la radio. </p>
<p>Le recorren la picana de punta a punta. La picana tiene dos cables bien trenzados, bien empalmados. Aplican un cable en la boca y el otro en el ano. A la primera descarga, ella siente estallar su cabeza y cuerpo como vuelto esquirlas. Seguidamente, los hombres y el perro la violan hasta reventarla por dentro. No conformes con esto, unos le orinan en la cara y otros le descargan golpes de culata. La levantan esparciendo su sangre en el vacío y la arrastran por unos pasillos hasta la última celda; allí queda incomunicada, con las manos esposadas a la pared y sin más consuelo que pan y agua. </p>
<p>Cuando despierta de su pesadilla, mira un rayito de luz atravesando la oscuridad de la celda. Se toca el cuerpo que parece inexistente y, con un hilo de sangre en los labios, repite: <em>Me podrán matar, pero no morir&#8230;</em></p>
<p><em>___________________<br />
* </em>Este<em> </em>relato pertenece al libro <a href="http://www.todoebook.com/ficha-public.asp?cod=PUB0124454" target="_blank"><em><strong>Violent Stories</strong></em> </a>(Ed. Mandala &amp; LápizCero - Revista Almiar; 2009) , del escritor boliviano <strong>Víctor Montoya</strong>.</p>
<p><a href="http://www.margencero.com/relatos/violent_stories.htm" target="_blank">Página original de publicación </a>en Revista Almiar</p>
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		<title>My Way</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Nov 2009 23:31:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Calle Vinilo]]></category>

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		<category><![CDATA[nina simone]]></category>

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		<description><![CDATA[..
Recuerdo que era una tarde cualquiera. Y ahora ustedes podrían preguntar, con toda la razón del mundo: «¿Qué es una tarde cualquiera?», todas las tardes son «cualquiera» si nos atenemos a la oración anterior. Las tardes, como las mañanas o las noches, se suceden como consecuencia de la rotación de la Tierra sobre su eje [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">..</span></h2>
<p><span style="color: #000000;">Recuerdo que era una tarde cualquiera. Y ahora ustedes podrían preguntar, con toda la razón del mundo: «¿Qué es una tarde cualquiera?», todas las tardes son «cualquiera» si nos atenemos a la oración anterior. Las tardes, como las mañanas o las noches, se suceden como consecuencia de la rotación de la Tierra sobre su eje mientras gira alrededor del Sol. Visto así, el comienzo de este texto es una chapuza (es probable que la continuación también, pero eso conviene que no sea yo quien lo diga).</span></p>
<p><a href="http://4.bp.blogspot.com/_fhvrVyl-SIE/Sr6zq4jQNBI/AAAAAAAAAAk/i9ZWNQeFK2Q/s1600-h/nina_simone.jpg"></a><span style="color: #000000;"><img class="alignleft size-full wp-image-6" title="Nina Simone" src="http://www.martinezcorada.es/WordPress/wp-content/uploads/2009/10/nina_simone.jpg" alt="Nina Simone" width="200" height="288" />Otra cosa es que hubiera desarrollado más la frase, que hubiera especificado por qué era una tarde cualquiera para mí.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Cuando decimos que una tarde es «cualquiera» convenimos, por lo general, en que fue un lapso de tiempo en el que no pasó nada —o <em>nasti</em>, para decirlo en castizo—, una tarde que desapareció del recuerdo sin dejar rastro de lo visto u oído, del tiempo que hacía, de lo que se pensaba hacer por la noche o a la mañana siguiente, de cómo se presentía el futuro (el inmediato o bien el a más largo plazo, en cuyo caso se podría hablar de sueños)… En cambio, cuando pasa algo que por alguna razón nos conmueve, recordamos con bastante precisión cuándo y dónde ocurrió, la tarde o, mejor dicho, el momento especial que vivimos aquella tarde (o noche, o mañana) adquiere presencia para toda la vida. Pienso que así funcionan los recuerdos, que cuando no pasa <em>nasti</em> esos momentos vividos se olvidan para siempre, podríamos decir que mueren sin lograr perpetuarse, y, por el contrario, cuando ocurre un hecho que para nosotros sí es importante lo retenemos para siempre en la memoria. Hasta la enfermedad de Alzheimer parece respetar este mecanismo y sólo actúa sobre los sucesos vividos de forma más inmediata, respetando, por razones que aún no se saben, aquellos que acaecieron muchos años atrás y dejaron su huella (indeleble, al parecer) en la mente del enfermo.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Esta digresión que antecede, es probable que innecesaria, tiene que ver con la canción <em>My Way</em>, una pieza clásica del siglo pasado que dio perenne fama a Frank Sinatra: hoy muchos jurarían que la escribió él, son cosas de la gloria. La letra de <em>My Way</em>, sin embargo, la escribió Fred Brott y fue adaptada por Paul Anka quien, a su vez, tomó la música de la canción francesa <em>Comme d&#8217;habitude</em>, escrita por Claude François y Jacques Revaux, con letra en francés de Claude François y Gilles Thibaut la cual se perdió en este intrincado camino. Conclusión, preguntamos a alguien: ¿Quién es el autor de la famosa canción <em>My Way</em>?, es evidente que nadie se sabe de memoria el anterior galimatías y, como máximo, responderá que Anka (eso si no dice que fue Elvis Presley, quien también la cantó).</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Escribir una canción sobre toda una vida es, debe ser, muy complicado, si la misma se refiere a una persona en concreto. ¿Qué partes de una vida se recuerdan como importantes? ¿Qué otras partes se habrán olvidado? La vida que se pretenda cantar no puede ser una vida cualquiera… Sin embargo, al autor le queda el recurso del arquetipo; <em>My Way</em> es un ejemplo, a mi entender, de ello: en sus estrofas late el ideal de la libertad individual y el romanticismo (entiéndase éste como la capacidad de enlazar de forma poética los recuerdos) que todos los seres humanos llevamos dentro en menor o mayor cantidad. Los versos de <em>My Way</em> elevan los recuerdos a categorías en donde todos podemos, de una u otra forma, vernos representados. Las estrofas que escribiera Brott siguen explicando, de forma poderosa, que es posible acertar y errar y, ante la muerte; tener la potestad de decir:</span></p>
<p><em><span style="color: #000000;">«Pues ¿qué es un hombre?, ¿qué es lo que ha conseguido?<br />
Si no es a sí mismo, entonces no tiene nada.<br />
Decir las cosas que realmente siente.<br />
Y no las palabras de alguien que se arrodilla.<br />
Mi historia muestra que asumí los golpes.<br />
Y lo hice a mi manera.</span></em></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>Sí, fue a mi manera.»</em></span></p>
<p><span style="color: #000000;">Aquella tarde, pues, era una tarde cualquiera. Y como me aburría fui a escuchar música a casa de un amigo. La puerta de su casa la abrió su madre, a quien le pregunté si estaba él. Me dirigí hacia su habitación y cuando entré en ella vi que él estaba tirando libros por la ventana: <em>El Manifiesto Comunista</em>, de Karl Marx y <em>El capital monopolista</em>, de Paul M. Sweezy, entre otros… Luego, puso un disco de Nina Simone, desde donde escuché por primera vez la versión de <em>My Way</em> en la voz de alto de la cantante norteamericana, y dijo:<br />
—Esto sí que es verdadera cultura popular: es la música para el pueblo del futuro.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Todavía alguna tarde, cuando me parece que se va a convertir en una tarde cualquiera, escucho a Nina Simone…<br />
</span>___________________<br />
Del blog <em><a href="http://purovinilo.blogspot.com/" target="_blank">Puro vinilo</a></em></p>
<p>AUDIO:</p>
<p><object width="420" height="250" data="http://www.4shared.com/embed/135648571/c7c9959f" type="application/x-shockwave-flash"><param name="src" value="http://www.4shared.com/embed/135648571/c7c9959f" /></object></p>
<p>VÍDEO:</p>
<p><object width="470" height="320" data="http://www.4shared.com/embed/135604883/19d16257" type="application/x-shockwave-flash"><param name="src" value="http://www.4shared.com/embed/135604883/19d16257" /></object></p>
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		<title>Unicornio</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Oct 2009 11:31:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Calle de los Libreros]]></category>

		<category><![CDATA[javier estévez]]></category>

		<category><![CDATA[relatos]]></category>

		<category><![CDATA[unicornio]]></category>

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		<description><![CDATA[
Unicornio


Al llegar a casa, tan cansado, nada más abrir la puerta me vino un aroma a rosa de añil.
Dejé la cartera en el sofá y vi al unicornio en el salón.
Pensé que hacía dos días que no regaba mis plantas y eché de menos a Henry el gato.
Le vi dormido en el alfeizar de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-54" style="border: 1px solid #000000" title="Unicornio" src="http://www.martinezcorada.es/WordPress/wp-content/uploads/2009/10/unicornio.jpg" border="1" alt="Unicornio" width="292" height="224" /></p>
<h2 style="text-align: center;"><span style="color: #333399;"><em>Unicornio</em><span style="color: #888888;"><br />
</span></span></h2>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: left;"><span style="color: #000000;">Al llegar a casa, tan cansado, nada más abrir la puerta me vino un aroma a rosa de añil.<br />
Dejé la cartera en el sofá y vi al unicornio en el salón.<br />
Pensé que hacía dos días que no regaba mis plantas y eché de menos a Henry el gato.<br />
Le vi dormido en el alfeizar de la ventana inmerso en un sueño en el que trepaba una escalera hacia la cara oculta de la luna.<br />
El unicornio me miró con sus ojos azules.<br />
Pero yo pensé que ya era demasiado tarde.<br />
Saqué la pistola de la cartera y la puse sobre la televisión.<br />
Luego fui al cuarto de atrás y tiré el ordenador por la ventana. Oí cómo caía blandamente sobre el césped. Yo nunca arrojaría mi ordenador sobre una superficie dura para que se rompiera. Sólo quería despedirme sin demasiados protocolos.<br />
Él siempre hizo lo que pudo, a pesar de Microsoft.<br />
Saqué mis tres guitarras y les quité las cuerdas.<br />
Luego me serví tres cervezas y abrí el paquete de tabaco.<br />
Cuando abrí la primera ya me estaba bebiendo la tercera.<br />
Las matemáticas no siempre cuadran.<br />
El unicornio me miró con sus ojos azules.<br />
<span style="font-size: small;">—</span>No tengo nada que decir <span style="font-size: small;">—</span>le dije.<br />
Él se inventó un campo de hierba y se puso a pastar.<br />
A mí me pareció bien.<br />
Yo siempre he vivido en los páramos y he logrado algo parecido a la supervivencia.<br />
Mejor, la vida a secas.<br />
Cuando el unicornio cogió la pistola y apretó el gatillo yo andaba ya por la sexta cerveza.<br />
Había abierto la segunda, pero las matemáticas no siempre cuadran.<br />
Me sorprendió la ausencia de sangre y el gran silencio que vino a continuación.<br />
Me vino un aroma a rosa de añil.<br />
El unicornio se desplomó sobre la alfombra y Henry el gato volvió de su viaje a la luna.<br />
<span style="font-size: small;">—</span>¿Qué hay? <span style="font-size: small;">—</span>me dijo.<br />
<span style="font-size: small;">—</span>¿Eres idiota, Henry? He vuelto del trabajo y he tenido una pesadilla. Otra vez estaba en el puto mátrix.<br />
Henry se rascó la nuca.<br />
<span style="font-size: small;">—</span>¿Por qué no bajas a coger el ordenador y le pones las cuerdas a tus guitarras, Preston?<br />
</span><span style="color: #000000;"><span style="font-size: small;">—</span>Porque el unicornio se ha suicidado.<br />
Yo me había bebido ocho cervezas y estaba abriendo la cuarta.<br />
Las matemáticas, realmente, no son exhaustivas.<br />
<span style="font-size: small;">—</span>Ve a dormir, Preston, ese ensayo que estás escribiendo sobre la coherencia humana te está dejando sin sueños.<br />
Me fui a la cama, no tenía ganas de discutir con Henry. Él sólo es un jodido gato sin sociología adversa.<br />
Cuando entré en las sábanas frías, ahí estaba el unicornio.<br />
Me miró con sus ojos azules.<br />
Pero yo ya había perdido la cuenta de las cervezas que me había tomado y decidí darme otra oportunidad.<br />
Fui a regar mis plantas.<br />
Mientras entraba en la recámara del sueño, antes del último disparo, oí que el gato Henry y el unicornio cuchicheaban.</span></p>
<p><span style="color: #333399;">Xavier de Tusalle<br />
Escritor y editor. Presidente del Círculo independiente Ñ de escritores.</span></p>
<p>_____________<br />
Publicado originalmente en la <a href="http://circuloindependiente.ning.com/profiles/blogs/unicornio-1" target="_blank">Red social de CiÑe </a>(<span style="font-family: Arial; font-size: small;">©</span> abril de 2009)<br />
<a href="http://circuloindependiente.ning.com/profiles/blogs/unicornio-1"></a></p>
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		<title>Sobre Cuentalia</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Oct 2009 22:12:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Sobre Cuentalia]]></category>

		<category><![CDATA[cuentalia]]></category>

		<category><![CDATA[geocities]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8230;
Recibo un cortés mensaje de Yahoo! España, por el que me comunican que Geocities dejará de emitir (si me permiten ustedes el símil radiofónico) en breve: «…nuestra comunidad y nuestro servicio gratuito de creación de sitios Web va a cerrar el 26 de octubre del 2009…».

¿Qué era Geocities? Un webhosting gratuito que dio albergue a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="color: #ffffff;">&#8230;</span><br />
<span style="color: #000000;">Recibo un cortés mensaje de Yahoo! España, por el que me comunican que Geocities dejará de emitir (si me permiten ustedes el símil radiofónico) en breve: <em>«…nuestra comunidad y nuestro servicio gratuito de creación de sitios Web va a cerrar el 26 de octubre del 2009…».</em></span>
</p>
<p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="color: #000000;">¿Qué era Geocities? Un <em>webhosting</em> gratuito que dio albergue a numerosas páginas <em>web</em> en donde se pudo publicar, por la cara tal y como ya dije, aventuras y fotos personales, cavilaciones y ensayos de todo tipo y, en fin, páginas «html» (entonces casi todo era «html») de diversos contenidos.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="color: #000000;">El atractivo de este lugar, ideado por David Bohnett y John Rezner en 1994 como Beverly Hills (BHI) Internet, fue que dividieron el <em>hosting</em> en territorios y ciudades en donde alojar las páginas según su contenido, asignando a cada usuario un nombre de calle y el número de portal. Así, una de las primeras páginas que se publicaron sobre el grupo de rock andaluz Triana —muy completa, por cierto—, se alojó en SunsetStrip/Arena/2332. El crecimiento de Geocities llegó a ser espectacular y servía millones de páginas al mes. Con posterioridad, los barrios, ciudades y territorios desparecieron y, en su lugar, Geocities asignó un subdominio a cada uno de los usuarios que quiso «evacuar» de la comunidad de los territorios imaginados.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="color: #000000;">El «experimento» Geocities funcionó correctamente y fue uno de los pasos necesarios para llegar hasta la actual Web 2.0 que todos conocemos, en donde el crecimiento de usuarios y redes sigue en espectacular progresión. Geocities, por dar un dato, llegó a tener en sus mejores momentos más de un millón de usuarios, cifra que mueve a la sonrisa condescendiente si se compara con las de los que participan en la actualidad en las redes sociales más conocidas. A partir de 1998, el abuso en la publicidad de las páginas que servía motivó que muchos se llevaran la<em> web</em> a «otro barrio» y comenzó el declive del <em>webhosting</em> más original que ha existido (hasta el momento).</span><span style="color: #000000;"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="color: #000000;"><img class="alignleft size-full wp-image-27" title="Una de las portadas de Cuentalia" src="http://www.martinezcorada.es/WordPress/wp-content/uploads/2009/10/cuentalia01.jpg" alt="Una de las portadas de Cuentalia" width="290" height="178" />Cuentalia estuvo alojada en Geocities y fue una de las páginas de donde surgió la Revista Almiar —junto con otra alojada en Tripod, servidor que sigue funcionando en la actualidad—, y desde la dirección <strong>http://es.geocities.com/cuentalia/</strong> publicamos poemas, relatos y fotos de diversos autores. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="color: #000000;">El mensaje que he recibido me ha inspirado, sin duda, a confeccionar este <em>blog</em> (con unas técnicas que entonces sólo se podían barruntar), que quiere ser recuerdo (y homenaje) de unos años en los que Internet estaba echando a andar. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="color: #000000;">Internet cambia a una gran velocidad debido al crecimiento exponencial de la técnica, pero Geocities no pudo (o no supo) adaptarse. Los gigantes también tropiezan y si caen el sonido del golpe es estruendoso. Sin embargo, el equipo de Geoicities ha tenido la valentía de decir que cierran y no van a desaparecer como otros que se marcharon <em>a la francesa</em>: <em>«Hemos disfrutado alojando sitios Web creados por los usuarios de Yahoo! en todo el mundo, y estamos orgullosos de la comunidad que has creado. Sin embargo, hemos decidido centrarnos en ayudar a nuestros clientes a explorar y crear relaciones en línea de otras formas. El 26 de octubre del 2009, tu sitio de GeoCities dejará de aparecer en la Web, y no podrás acceder a los archivos ni a la cuenta de GeoCities».</em> Fin del correo. El 27 de octubre habrá desaparecido Geocities, pero al menos muchos habrán podido recuperar antes sus archivos.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="color: #000000;">Por mi parte, me queda el nombre de <strong>Cuentalia</strong>.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 0pt;">Pedro M. Martínez<br />
Octubre de 2009</p>
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